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Para un empresario PyME la decisión de exportar implica responder algunas preguntas entre las cuales podemos mencionar: ¿por qué quiero exportar?, ¿por qué creo que puedo?, ¿cómo serán los problemas con los cuales me encontraré?. Especialmente en esta última pregunta se incluyen una serie de dificultades que el exportador suele relacionar con: falta de capacidad de producción, falta de financiamiento, cobros diferidos de las exportaciones, falta de capacitación en comercio exterior, etc., etc.
Se podrán enumerar una serie mayor de problemas que serán común denominador entre los potenciales exportadores, pero seguramente, en muy pocos casos, toman como un problema a resolver la “cuestión ambiental”.
En otras palabras: ya no se concibe que entre los temas relacionados a exportaciones no se hable del medioambiente y de su implicancia para el ingreso de productos argentinos a determinados mercados.
A modo de síntesis podemos decir que cada vez son más altos los requisitos ambientales para poder vender nuestros productos al exterior y que por otro lado quienes tienen la ventaja son aquellas empresas que en cierta medida están capacitándose en este punto. Sinceramente, no es poco lo que tiene que hacer un empresario PyME en el día a día. La realidad implica que ciertamente tenga que atender todos estos temas y que el tema medioambiental esté subordinado o acotado a cumplir con lo que las ordenanzas municipales le exigen para que tenga en regla la fábrica.
Pero lo que queremos dejar en claro en esta nota es que, como en algún momento dentro de nuestras funciones de capacitadores y asesores en comercio exterior inculcamos el concepto de “Conciencia Exportadora”, en esta ocasión queremos inculcar el concepto de “Exportación limpia” o sea una conciencia exportadora con el agregado de pensar en exportar cuidando el medioambiente. Ambos conceptos son totalmente compatibles.
Y esto no es algo que se viene, sino por el contrario, es algo actual que el empresario tendrá que aplicarle tiempo, dinero y capacitación para saber de qué se trata y no quedar afuera. Por otro lado existen las Normas (ISO, Codex Alimentarius, etc,.) cuya observancia no es obligatoria y establecen, al igual que los Reglamentos Técnicos, reglas, directrices y características que debe seguir un determinado producto y su proceso de producción. Frecuentemente estas normas son impuestas como requisitos por los compradores. Quien cumpla con una Norma es poco probable que tenga dificultades para cumplir con el Reglamento obligatorio. Generalmente dentro de los reglamentos y normas están los requisitos ambientales por los que debe atravesar el empresario si quiere exportar sus productos y los mismos tienen alguna característica particular en donde se prevea que puede ser sometido a alguna exigencia adicional. En resumen: esto no significa que el empresario en el día de mañana haga un curso de gestión ambiental para saber si podrá o no seguir con su empresa. Lo que queremos decir es que sino empezamos a tomar conciencia de lo que significa producir en forma limpia en un par de años vamos a tener serios problemas para poder vender un producto de exportación a determinados mercados. Y ese problema se sumará a los que enumeramos anteriormente, que seguramente, no son pocos.
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