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Si hiciéramos un lectura de la actitud hacia el comercio exterior de un empresario Pyme en los últimos diez años tendríamos no solamente una sino varias lecturas bajo un panorama mas o menos parecido a lo que sigue: fines de la década del 90 un empresario pensando mas en dedicarse a la importación, por el favorecimiento del tipo de cambio, que en exportar (…justamente por el efecto inverso).
Ya para los años 1999 / 2000 ese mix se desequilibró mas a favor de lo importado produciendo lo que todos mas o menos recordamos: cierre de fábricas, aumento del desempleo, mucha importación de baja calidad, etc. Lo dicho hasta ahora podría verse como una primera lectura. No obstante ello había muchas empresas haciendo esfuerzos sobrehumanos para exportar. No todo pasaba por el tipo de cambio. Quienes usaban el “ingenio argentino” (el bueno) y buscaban alternativas para exportar podían lograrlo – repito: con esfuerzo – pero algo lograban. A partir de la devaluación y ante un mercado interno destruido importar ya no era el negocio de antes. Todo el mundo se lanzó a la exportación creyendo que solamente una paridad 3 a 1 (…y casi 4 en algún momento) iba a ser la panacea de la exportación. La respuesta fue: “ la devaluación podía ser una condición necesaria…pero no suficiente”. Las exportaciones no crecieron pos devaluación de la forma que se esperaba. Es mas, si nos manejamos por las estadísticas, Argentina exportó relativamente menos en 2002 con un tipo de cambio mas favorable que en 2001 con paridad cambiaria. ¿Que pasó entonces? ¿No era que con la devaluación el país exportaría mas? Posiblemente sí, pero a un cliente no se lo conquista de la noche a la mañana. Había todo un camino por recorrer. Había que seducir nuevamente al potencial cliente y hacerle descreer que solamente nos acordamos de la exportación cuando nos va mal… A partir de aquel momento muchos empezaron a aprender de los errores de años atrás y retomaron el camino de la capacitación, del asesoramiento y de la práctica de la exportación. Parecía que la lección había sido aprendida: “hay que tener mentalidad y conciencia exportadora siempre” decían. Por aquel entonces el empresario, como señaláramos mas arriba, que apostó a la exportación con mucho esfuerzo, mas allá de un tipo de cambio desfavorable, quedó mucho mejor parado que aquel que nunca había realizado esfuerzos de exportación mas allá que consiguiera o no resultados. Este primer empresario tenía el camino bastante allanado frente a la exportación. Tenía que requerir de menores esfuerzos que el “novato desesperado” porque el cliente ya había sido conquistado. Luego de 2002 / 2003 vinieron tiempos de bonanza en la producción. Aquel Pyme que inmediatamente pos devaluación decía “si no exporto cierro” empezó a ver que su mercado interno poco a poco fue creciendo y que la exportación podía servir de acompañamiento. La prioridad estaba ciertamente compartida. Decían: “Me dedico a abastecer el mercado interno mientras voy buscando un cliente afuera”. La desesperación por exportar había pasado pero todavía quedaban algunas heridas abiertas del pasado. Hasta aquí podríamos decir iría la segunda lectura. ¿Qué pasó, o mejor dicho, qué viene pasando en estos últimos años?: si bien las estadísticas demuestran que las exportaciones han crecido bastante (por ahí no tanto si nos comparamos al promedio latinoamericano y además borramos a la soja de la cuenta…) el equilibrio de negocios entre mercado interno versus exportaciones sufrió nuevamente un desajuste. Se está viendo que en algunos casos no solamente el empuje Pyme exportador de hace unos años mermó sino que se está volviendo a cometer los errores de antaño. Nuevamente - con alguna diferencia con los noventa - estamos viendo el mercado interno como la gran oportunidad. Nada mas que en aquel momento el gran negocio estaba en lo importado, ahora en lo nacional (igualmente no en todos los sectores por igual…). Se están escuchando frases tales como “con lo que me cuesta abastecer el mercado interno lo único que me falta es exportar”. Señores Pymes: costo mucho recuperar el terreno perdido en temas de exportación en los últimos años. Por favor no desperdiciar esta gran oportunidad que nos dan los mercados internacionales. Busquemos la medida justa de las cosas. No pasemos de la gran depresión a la gran euforia. Y por sobre todas las cosas: tengamos actitud exportadora constante.
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